No toda la nieve es igual: aprende a leerla antes de bajar
Cuando llevas tiempo en la nieve, empiezas a notar que no es lo mismo bajar por pista dura a primera hora que por nieve blanda a mediodía. Las sensaciones cambian, el esquí responde diferente, tienes que ajustar. Te contamos los tipos que más te vas a encontrar.
Nieve polvo
La favorita de todos. Es nieve fresca, ligera, caída recientemente. El esquí flota en vez de apoyarse en una capa dura. Aquí el error más frecuente es clavar los cantos como en pista preparada. En polvo, los cantos no son lo que dirige el giro. Hay que repartir el peso más simétricamente entre los dos esquís y dejar que floten.
Nieve dura o helada
La más técnica y la que menos perdona. El esquí no deforma la superficie, así que cualquier imprecisión se amplifica. Aquí sí necesitas los cantos bien trabajados, angulación correcta y movimientos suaves. A más velocidad, más importante la precisión.
Nieve de primavera
Típica de mediodía en días soleados. Blanda, pesada, el esquí se hunde un poco. El riesgo es que se clava de repente y te frena de golpe. Mantén el peso adelante y haz los giros redondos, sin dejar de moverse.
Moguls (baches)
Se forman por el paso repetido de esquiadores. Parecen difíciles pero tienen su lógica: rodillas y caderas absorben cada bache mientras el tronco se queda quieto. Y la vista siempre al siguiente bache, nunca al que estás pisando.