La cuña: no es de principiantes, es de listos
Nos lo encontramos mucho: alumnos que quieren saltarse la cuña porque «ya sé esquiar un poco». Y entonces hay que explicarles que la cuña no es una muleta. Es el primer mecanismo que te da control real sobre la nieve.
¿Qué hace exactamente?
Cuando abres los talones hacia afuera y acercas un poco las puntas, los cantos interiores entran en contacto con la nieve y crean resistencia. Cuanto más abierta la cuña, más frenas. Y si presionas más sobre un esquí que sobre el otro, te irás hacia el lado contrario: el esquí que presionas es el exterior de la curva, y es él quien marca la dirección. Si presionas el derecho, giras a la izquierda; si presionas el izquierdo, giras a la derecha.
Por qué nos importa tanto
Porque ese mecanismo —apoyarte en el esquí contrario a donde quieres ir, el exterior de la curva— es exactamente el mismo que usarás en el viraje paralelo más adelante. Solo que más perfeccionado. Quien entiende bien la cuña tiene la mitad del trabajo hecho para el paralelo.
Lo que vemos que falla
- Juntar los talones en vez de abrirlos. El resultado: los esquís quedan en paralelo o se cruzan, sin control.
- Presionar el esquí del lado hacia donde se quiere ir, en vez del contrario. El giro no sale o sale al revés.
- Mirar los esquís para ver si está bien hecha. Eso rompe el equilibrio.
- Rodillas bloqueadas. La cuña necesita movilidad, especialmente en las rodillas.
Tómate tu tiempo con la cuña. No hay atajos que merezcan la pena.