Elegir botas de esquí: lo más importante que vas a hacer en la tienda
Las botas son la única conexión real entre tu cuerpo y los esquís. Todo lo que intentas transmitir —presión, angulación, dirección— pasa por la bota. Si la bota no ajusta bien, el mensaje se pierde por el camino.
El ajuste es lo primero
Una bota bien ajustada aprieta de forma uniforme, sin puntos de presión dolorosa. Los dedos deben poder moverse ligeramente pero el talón tiene que estar completamente fijo dentro. Si el talón sube cuando flexionas el tobillo, la bota es demasiado grande. Un dedo de holgura en los dedos de los pies es normal; más que eso, no.
Cuando te las pruebes en tienda, estate de pie con ellas puestas al menos diez minutos. Los primeros dos o tres minutos mienten.
La flexión
Se mide con un número: cuanto más alto, más rígida la bota. Una bota demasiado blanda no transmite bien las órdenes; una demasiado rígida para tu nivel o peso te cansa y te genera dolor. Para principiantes y nivel medio, entre 70 y 100 es razonable. A partir de ahí, sube con la experiencia y la agresividad del esquí.
Lo que no debes hacer
Comprar botas por internet sin probártelas, elegir talla como si fueran zapatillas de calle, o quedarte con unas que duelen pensando que «se amoldarán». Las botas de esquí no se amoldan como el cuero de un zapato. Si duelen el primer día, van a doler siempre.