Encerado y afilado: el mantenimiento que nadie hace y todos notan
La mayoría de esquiadores alquila el material o saca los suyos del trastero al principio de temporada sin revisarlos. Y luego se preguntan por qué el esquí no desliza bien o por qué en nieve dura los cantos patinan. La respuesta casi siempre está en dos cosas que se descuidan: el encerado de la base y el afilado de los cantos.
Por qué necesitas encerar los esquís
La base del esquí —la parte que toca la nieve— es de polietileno, un plástico poroso que absorbe parafina. Esa capa de cera tiene dos funciones: reducir la fricción con la nieve para que el esquí deslice con fluidez, y proteger el material de la oxidación y el desgaste. Sin cera, la base se vuelve opaca, fibrosa y blanca. En esa condición, el esquí «agarra» la nieve en vez de deslizarse: frena donde no debería y cuesta más esfuerzo bajar de lo normal.
La frecuencia recomendada es cada cinco o seis días de esquí. Si guardas los esquís al final de temporada, encerarlos antes de guardarlos protege la base durante los meses de almacenamiento.
Tipos de cera y cómo aplicarla
- Cera de fricción (rub-on): se frota directamente sobre la base sin necesidad de herramientas. Es rápida y suficiente para mantenimiento ocasional. No penetra tan bien como la cera caliente, pero tiene su utilidad.
- Cera caliente (hot wax): se derrite con una plancha de encerado y se distribuye por la base con movimientos largos. Luego hay que dejarla enfriar y rasparla con una espátula hasta que quede una película fina y uniforme. Finalmente se pasa un cepillo de nylon para abrir la estructura. Esta técnica penetra en los poros de la base y dura mucho más.
Las ceras también están formuladas por temperatura: las hay para nieve fría, para nieve húmeda y para rango amplio. Para uso recreativo, una cera universal cubre bien la mayoría de condiciones.
El afilado de los cantos
Los cantos son los bordes metálicos del esquí. Con el uso se desafilan por el contacto con la nieve dura, los raíles metálicos del telesilla y los bordes de pista. Un canto desafilado no muerde la nieve: el esquí derrapa hacia el exterior de la curva aunque estés cantando bien. Es un problema que se nota especialmente en nieve helada o compacta a primera hora de la mañana.
Para comprobar si los cantos necesitan afilado, desliza la uña del pulgar perpendicularmente por el canto. Si la uña resbala sin dejar marca, el canto está romo. Si la uña se engancha ligeramente, está en buen estado. El afilado se hace con una lima específica de cantos o con una herramienta guiada que mantiene el ángulo correcto —normalmente entre 86 y 88 grados—. Para quienes no tienen experiencia con las limas, lo más práctico es llevar los esquís a una tienda especializada al principio de temporada. Un afilado y encerado profesional cuesta entre 20 y 40 euros y marca una diferencia notable.
Lo que deberías hacer antes de guardarlos
Al acabar la temporada: limpia la base con un disolvente específico para esquís, aplica una capa generosa de cera caliente sin raspar del todo —esa capa gruesa protege la base durante el verano—, y guarda los esquís en un lugar seco y a temperatura estable. Los extremos de temperatura y humedad deterioran tanto el plástico de la base como el acero de los cantos. Diez minutos de cuidado al guardarlos equivalen a varios años más de vida útil del material.