Esquiar en grupo sin perder a nadie: las normas que faltan
Esquiar en grupo es una de las mejores formas de disfrutar de la montaña, pero también una de las que más sustos evitables genera. No por la pista en sí, sino por cómo se organiza —o no se organiza— el grupo. Un compañero que se queda atrás sin que nadie se dé cuenta, o alguien que arranca sin esperar, son el origen de muchos problemas que nada tienen que ver con el nivel técnico.
Antes de arrancar
Fija con el grupo, antes de subir al telesilla, cuál es el punto de encuentro si alguien se pierde: la base del propio telesilla suele ser la opción más sencilla. Acuerda también quién va delante marcando el ritmo —normalmente el más lento del grupo, no el más rápido— y quién cierra detrás para que nadie quede solo sin que se note.
Reglas mientras bajáis
- El que va delante para siempre en puntos visibles para el resto, nunca justo después de una curva ciega o un cambio de rasante.
- Nadie adelanta al que abre el grupo. Si alguien quiere ir más rápido, que lo pida antes de salir, no en mitad de la pista.
- Contad cabezas en cada parada. Es un gesto de dos segundos que evita darse cuenta veinte minutos después de que falta alguien.
- Si el grupo tiene niveles muy distintos, dividid en dos grupos con puntos de encuentro claros, en vez de forzar a todos al ritmo del más rápido.
Si alguien se pierde
No os dispersáis buscando cada uno por su lado. Volved al último punto de encuentro acordado y esperad ahí: es mucho más fácil que alguien perdido llegue a un punto fijo que encontrar a un grupo que también se está moviendo. Si pasan más de quince minutos sin noticias, avisad a personal de la estación; para eso está.
Ninguna de estas normas exige más nivel técnico ni resta diversión. Solo evita que el día bueno se convierta en la anécdota mala que se cuenta durante años.