El paso de patinador: la clave para moverte en llano
Hay una situación que pilla a todo el mundo en algún momento: llegar a una zona llana con los esquís puestos y no saber cómo avanzar. Empujar con los bastones sirve un rato, pero en distancias más largas —la explanada de salida de un telesilla, el tramo llano antes de la cola de otro remonte— hace falta algo más eficiente. Ese algo se llama paso de patinador.
En qué consiste
El paso de patinador es exactamente lo que su nombre indica: el mismo gesto que usa un patinador sobre hielo, adaptado a los esquís. Se abre uno de los esquís hacia afuera formando una V con el otro, y se empuja con el canto interior de ese esquí contra la nieve. Ese empuje impulsa el cuerpo en diagonal hacia adelante, mientras el peso pasa por completo al esquí que queda deslizando. El otro esquí se levanta ligeramente, se junta al que desliza, y el ciclo se repite hacia el lado contrario.
Los puntos que marcan la diferencia
- El empuje sale del canto interior del esquí que se queda atrás, nunca de la punta ni del bastón.
- El peso tiene que pasar completamente al esquí de deslizamiento en cada ciclo; si se queda repartido entre los dos, el empuje pierde toda su fuerza.
- Los bastones acompañan el ritmo, clavándose justo cuando cambia el apoyo, pero no sustituyen el trabajo de las piernas.
- El tronco se mantiene erguido y mirando hacia adelante, sin balanceos exagerados de lado a lado.
Dónde se usa de verdad
Además de las zonas llanas ya mencionadas, el paso de patinador es imprescindible al entrar en la cola de un telesilla cuando el acceso tiene un tramo plano, al desplazarse entre dos pistas conectadas por un collado suave, o simplemente para no tener que quitarse los esquís cada vez que el terreno deja de tener pendiente. Quien no lo domina termina arrastrando los esquís a pasos cortos, agotándose mucho antes de lo necesario.
El error que más cuesta corregir
Empujar con el esquí plano en vez de con el canto. Sin apoyo del canto contra la nieve, el esquí resbala hacia los lados en vez de propulsar hacia adelante, y el gesto se convierte en un chapoteo ineficaz. Practica primero parado, sintiendo cómo el canto interior muerde la nieve, antes de intentar encadenar el movimiento en marcha.